Grandes inventos de la Humanidad: Las Berenjenas de Almagro

Quien no recuerda aquellos momentos de ferias y fiestas, donde entre el olor a algodón y fritanga aparecían las orzas de berenjenas, siempre gestionadas por una abuela con moño y luto riguroso, sin más color que el del mandil de cuadros…

Fue en  la feria de mi pueblo, Valdepeñas, donde probé por primera vez este exquisito manjar. Es toda una liturgia que se sigue manteniendo a duras penas: pides la berenjena, la señora del moño coge el pincho, lo mete en la orza, remueve con movimiento suave, y saca con maneras de pescadora de secano una berenjena con su pimiento, su palito de hinojo y te la acerca con un leve movimiento de muñeca para que la atrapes por el rabo. No hay prisa en cobrar, tu primero disfruta el momento.

Tienes además que adoptar una posición correcta para su consumo, piernas abiertas y una más que notable inclinación hacia adelante, ya que al dar el primer mordisco todo un río de sabores y aromas líquidos caen sin remedio, al suelo si lo haces bien y a tus zapatos o a esa parte del cuerpo que en algunos casos fruto de la buena alimentación sobresale más de la cuenta, si no lo haces como Dios manda. Después tienes que limpiarte los morros con un paño de cuadros a juego con el mandil de la abuela, donde cientos antes que tú han dejado su marca. A lo mejor por eso no tenemos tantas alergias las personas mayores.

Y como colofón, un trago de vino de la bota, que como el  trapo, andan colgados en una alcayata en la viga de madera que sustenta el tenderete. Vino de La Mancha, recio, a granel, con sabor a tinaja de barro, de cuando la  madera no tocaba la uva, al menos en mi tierra. Mi primeras manchas de vino en la camisa fueron aprendiendo a beber en esas botas.

Pocas fábricas, por no decir solo una, que yo sepa, elaboran las berenjenas a la manera artesanal. En Almagro tan solo la familia Romero sigue los cánones ancestrales de su elaboración, olvidando artificios y cociéndolas con cariño a la leña, sin prisa pero sin pausa, que la temporada aprieta. Existen otras marcas que dan un buen nivel pero no llegan a la excelencia de las berenjenas de los Romero.

Si algún día vais a Almagro, en la entrada principal al pueblo podréis encontrar su fábrica, bajo un cartel de «Venta Directa». No os arrepentiréis. Y si sois más de internet, podéis comprarlas en Berenjenas Romero . Almagro bien merece un fin de semana, a ser posible en el Parador, y comida en el Comendador.

Bueno, aprovechar las últimas fiestas del verano y tomaros unas berenjenillas a mi salud…

 

 

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