Libros para pensar, pero poco: El guardián de los objetos perdidos

Puede ser que compres un libro simplemente porque es de tapa dura, la letra es grande, te guste la portada, y aciertes?. Pues ha sido el caso…

Uno ya tiene una edad, y no puedo leer lo que quiero, sino lo que puedo. Es verdad que el señor Kindle ha venido en mi ayuda y por él me he convertido en un comprador compulsivo de libros en formato electrónico, donde puedes cambiar el tamaño de la letra hasta encontrarte confortable, vamos, que puedas leer y no adivinar.

Pero, de vez en cuando, me gusta pasear por las librerias de Madrid, y comprar un libro analógico, con la condición que su edición sea lo suficientemente cuidada para que el esfuerzo de su lectura se vea compensado.

Los libros de cocina suelen ser un claro ejemplo de una muy buena edición, de hecho no compro nunca libros de cocina en formato electrónico, pero en general cada vez se descuida más la edición.

Por eso cuando vi este libro, El guardián de los objetos perdidos, me quedé prendado de él. Fue todo un flechazo a primera vista. Lo toqué, lo hojeé, y me lo llevé puesto.

Una vez pasado el efecto del primer amor, pensé, no se yo, tiene pinta de novela rosa, pero la suerte estaba echada.

Así que llegué a mi casa del pueblo, me preparé un café y me dispuse a comenzar la lectura. Tenía toda la tarde por delante.

Pues tengo que deciros que me duró dos tardes, y no es un libro corto. Es tal el nivel de enganche que me produjo que me costaba dejarlo para otro momento.

Y es que tanto el argumento principal, como las historias que se van desarrollando, entretejiendo, y los personajes que nos va presentando su autora, Ruth Hogan, son de una riqueza inesperada. Inesperada porque además es el primer libro de su autora, de la cual me gustaría contar alguna cosa: Ruth era una funcionaria inglesa, de vida rutinaria y de pocos sobresaltos, hasta que tuvo un accidente de coche y tuvo que dejar casi de trabajar.

Con bastante tiempo ocioso que rellenar, decidió dedicarlo a la escritura. Al poco tiempo, para redondear las desdichas, le diagnosticaron cáncer. La enfermedad y su tratamiento vinieron acompañados de un insomnio galopante, lo que le hizo dedicar las horas nocturnas de desvelo a la escritura de este libro. Y a fe mía que no lo hizo nada mal.

Creo que este año ha publicado su segundo libro, pero no está en castellano todavía.

Os recomiendo muy mucho este libro, es de lo que te hace sentirte bien leyéndolo, y no es un “blandiblub”… Es de los pocos libros que he leído del que me acuerdo de algún personaje, soy de memoria a corto plazo. Pero siempre recordaré a Sunshine, por algo será.

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