De vinos con Ramón: la semilla

Como disfruta mi amigo Ramón introduciendo a los jóvenes castores (y no tan jóvenes) en el mundo del vino. Y no se le da nada mal…

Cuando el año pasado tuve la oportunidad de organizar cuatro catas de vino para el mismo colectivo, toda mi obsesión era la que denominé “plantar una semilla”.

Tenía ante mí unas 60 personas, mayoritariamente mucho más jóvenes que yo (y que Juan, ¡que quede constancia!), la mayoría con poco conocimiento sobre todo lo que rodea al vino salvo alguna persona con pequeños pinitos. Todos amigos que de vez en cuando alguna tarde de un jueves, ya sea por un cumpleaños, ya sea por compartir sus penas o alegrías se veían para tomar una cerveza y alguna cosa mas etimológicamente pegada a una ciudad de Suiza o algún destilado de Estepa, pero no de la española. A mí me llegaba algún eco de aquellas reuniones y me lo tomaba como algo positivo y necesario y que me ilusionaba desde el punto de vista de verles bien como grupo.

Pero yo no era feliz……

¿Cómo era posible que el buen vino – he dicho el bueno- no ocupara algo mas de espacio?. Siempre he mantenido que un buen bebedor de vino es: sosegado, busca saborear, conocer aromas, suele ser buen compañero de penas y alegrías y sobre todo evita el consumo excesivo que en otras bebidas y en nuestra juventud tanto daño están haciendo.

¡Era mi oportunidad!. Y saqué todos los semilleros que tenía a mi alcance.

Menos la última cata, todas fueron catas a ciegas. Yo creo que se deducirá bien por qué.

La primera cata ciega fue de 6 vinos tintos, procedentes de diferentes partes de España, pero…..ni un solo tempranillo. Buscaba plantar la primera semilla: hay muchas varietales, cada una con sus peculiaridades, cada una gustará mas a unos y menos a otros. Dejar de lado el tempranillo sólo obedecía a que consideraba que era lo que mas conocían, nada que ver con su mayúscula valía. En la hoja de valoración, cada fila contenía un vino numerado, posibles varietales a marcar (explicados mas abajo en sus características visual, aromática y de sabor) y su valoración redonda (no quise entrar en mayores complejidades). El experimento dio como resultado que a las chicas les gustaban los vinos que contenían o syrah o monastrell y los chicos introducían además inclinaciones por cabernet sauvignon o petit verdot. Esto no es ciencia, pero ¿tendrá explicación?. Yo en este punto lo dejo para otro día.

La segunda cata ciega, venía precedida de una petición del grupo de chicas: hagamos una cata de vinos blancos. Ya!, pero hay que plantar otra semilla, me dije a mí mismo. Allá que fuimos con un “Duelo de Blancos”. 3 varietales de origen francés (chardonnay, sauvignon blanc y viognier) enfrentados a 3 varietales de origen español o menos francés si se quiere (moscatel de grano menudo, garnacha blanca y viura). El reto era arriesgado: nobleza frente a desconocido (mal vamos si no damos a conocer lo nuestro). Pero ¿una semilla sólo?. ¡No!; dos mejor. Y allá que tanto el chardonnay como la viura tenían crianza en barrica. El experimento dio como resultado que en general ganaba la sauvignon blanc pero….y esto es lo relevante, muy próximas estaban la garnacha blanca y la viura ¡en barrica!. Pero no una barrica cualquiera, barrica de acacia europea, con una sensación de pan y quesito glicérico impresionante. Aquí no hubo tanta diferencia entre chicos y chicas. Yo en este punto lo vuelvo a dejar para otro día.

La tercera cata ciega, venía precedida de un gancho de la cata anterior. Debían elegir para ésta, o bien una cata de la región o una cata del triángulo. Sin especificar en ambos casos. Eligieron una cata de la regíon: ¡pues toma!, 10 vinos de Madrid. De las tres subzonas (San Martín de Valdeiglesias – albillo, garnacha -, Arganda – malvar, tempranillo, cabernet sauvignon, merlot- y Navalcarnero – Negral-). Lógicamente unas en monovarietal, otras en coupage. Ahora tres semillas: lo tienes cerca y no lo sabes, aquí hay cosas muy raras (albillo real, negral, …) y cómo tan diferente en tan pequeño espacio de tierra (nada que decir si se genera la cuarta subzona en El Molar). Y además algunas uvas como la malvar, en vino semidulce por parada de fermentación en frío o seco. Podría dar los resultado en detalle, hubo mas votos de las chicas a albillo real o malvar que en los chicos, pero me quedo fundamentalmente con que en términos absolutos ganó ¡la Negral!. Yo en este punto, no lo dejo para otro día, lo dejo para el final.

La cuarta cata, no fue ciega. Fue una cata dirigida a un único objetivo, una única semilla (¿me había vuelto un cobarde?) a sabiendas de la tremenda dificultad que tenía. Lo primero fue dejar de lado la geometría y explicar el truco del triángulo. Jérez, Sanlucar de Barrameda y el Puerto de Santa María. Ese era el triángulo. La cata fue mas compleja, muchas personas se enfrentaban por primera vez en su vida a un vino “fortificado”, un vino de crianza biológica que pasó a crianza oxidativa en algún momento de su vida cuando se le añadió alcohol vínico. Caras de todo tipo, pero…….ahí estaba la semilla. Apreciar esos vinos es como llegar a cinturón azul como poco. Esta cata la quiero comentar con detalle en otro momento, lo prometo.

Lo mas importante. A día de hoy este grupo tiene mucha gente que va a bodegas o tiendas a buscar vinos concretos, ha hecho junto a mí varios coupages en bodegas para dar forma a su propio vino e incluso unos cuantos que compran “Oloroso Pata de Gallina”, ¡ahí es nada!. Y todo con calma, hablando siempre de lo que descubren en cada vino y, como siempre, de sus vidas.

Ramón, ¿Y la negral?: pues mirar, la Negral es una uva de baja presencia en Madrid, sólo hay un par de bodegas que le dediquen espacio. La Negral es lo mismo que la Garnacha Tintorera, pero aquí la llamamos así. Y hay una bodega en Navalcarnero llamada Bodegas Muñoz Martín, que además de llevar generaciones haciendo vino (les honra el amor que le ponen), tienen esta joya. Para mí una gran sorpresa haberlo descubierto. Se trata de un vino guinda oscuro de capa alta, con muchísima fruta roja y negra, goloso, opulento, envolvente. Una delicia. Aquí os dejo sus señas, por si lo queréis probar. Además creo que puede ser un buen vino de guarda, si está soberbio a poco de salir al mercado, creo que con uno o dos años en botella, ese tanino se volverá mucho mas aterciopelado si cabe.

Nombre: Sedro Negral.

Varietales: 100% Negral.

Añada: 2014.

Bodegas Muñoz Martín.

Navalcarnero (Madrid).

Nota del editor: Un vinaco Ramón, doy fé, compartido en una de nuestras habituales «investigaciones». Y bien de precio, importante dato…

Una respuesta a «De vinos con Ramón: la semilla»

  1. Ya q nombras esta bodega, recomiendo probar el hermano pequeño: Pecado Original. Coupage con Negral. Eso si: darle 6 meses de guarda mas en botella.
    Y buena iniciativa!

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