De vinos con Ramón: Asociación La Carrasca

Tenemos nuevo fichaje en el blog, mi amigo Ramón, manchego de pro como un servidor, compartirá con nosotros a partir de ahora su vasta experiencia en el mundo del vino, sobre todo en bebérselo, pero también en todo lo que hay alrededor. Bienvenido amigo, y gracias por todo lo que estoy aprendiendo contigo…

 

Tengo dos hijos ya mayores, de los que apuntan a llegar a los 30 en pocos años y siempre me he preguntado e incluso me resulta por su parte una pérdida de oportunidades el hecho que no les guste tomar vino. No digo tomar vino por tomar vino, si no tomar algunos vinos porque te hayan dejado una huella. Como el que dice que prefiere tomarse una 1906 en vez de una Mahou Clásica. El vino es una búsqueda de sensaciones en dosis normales y sobre todo a mí me ha brindado la oportunidad de hacer cosas alrededor: visito una bodega pero conozco un monasterio, un meandro de un río, un pueblo y sus costumbres, en fín una excusa perfecta. Nada digo si lo compartes con personas que quieres.

Y en esta diatriba me encontraba cuando tuve oportunidad de conocer una asociación de Jóvenes de la Universidad Politécnica de Madrid. Concretamente de la Escuela de Ingeniería Agrícola. La asociación se llama “La Carrasca”. Jóvenes que empiezan a conocer y apasionarse por el mundo de la viticultura. Es obvio que a ellos les lleva el río al mar, es decir, estudian algo que es la base para lo que será su futuro, pero lo interesante es que tienen una asociación que promueve ponencias y catas de personas alrededor de este fantástico mundo.

El pasado viernes 8 de febrero tuve la oportunidad de asistir a una fantástica reunión de la que me gustaría destacar dos aspectos concretos:

Por un lado, me encantó ver a tantos jóvenes reunidos para conocer aspectos de un grupo bodeguero tanto en cómo cuidan su actividad para producir el vino que desean como para catar algunas de sus creaciones. Me hizo especial ilusión ver a chicas y chicos ataviados con su camiseta de la asociación colaborando en todo, desde facilitar las entradas a servir las copas de todos los que estábamos allí. Y además, encantadores, porque no lo he dicho, pero si estoy en este blog de Juan es porque ya tengo lo que se dice “una edad”. Y todo fueron detalles y amabilidad por su parte. Lógicamente ellos servían y el resto de sus compañeros compartían cata. Existe embrión, existe esperanza. De hecho el enólogo que dirigía la cata lo dijo muy claro: “el vino a diferencia de los destilados – que en moderación no tienen por qué ser malos – está en la raíz de una vida sana que lo que busca es compartir alegría y experiencias”.
Por otro, la cata en sí. Teníamos delante a Christina Rey, enólogo de Quinta Sardonia, que nos habló de sus bodegas (Terras Gauda, Quinta Sardonia, Egomeiy Pittacum). No tanto de sus bodegas como de su entendimiento sobre la tierra , cómo tratarla y cómo tratar las vides y sus frutos. Todo lo que hacen, lo hacen sin usar ningún producto que no sea natural. Si hay que ayudar a las plantas en función de cualquier problema climático, de época del año, de enfermedadess, será con extractos de otras plantas o sustancias naturales. Y luego por supuesto, la elaboración, por completo natural, tratando de respetar la fruta sin “trasladar” demasías de los elementos que conforman una bodega (barricas, depósitos, filtrados, etc). Aprendí mucho de cómo se deben hacer las cosas en viticultura. Y……nos regaló una cata de 5 de sus vinos:
o Abadía de San Campio 2018. Albariño 100%.
o Terras Gauda 2018. Albariño 70%, Caiño 22% y Loureiro 8%.
o Sardón 2016. Tempranillo 95%, Garnacha 2% y otro 3% de varias (Albillo, Syrah, Malbec y Cabernet Sauvignon).
o Heraclio Alfaro 2015. Tempranillo, Garnacha y Graciano.
o Pittacum 2016. Mencía 100%.

El ambiente pudo ayudar, pero me parecieron francamente buenos y lógicamente diferentes, pero quiero destacar 2 vinos (que además cumplen el precepto de mi amigo Juan de no ser gravosos para el bolsillo). Se trata de Sardón y Pittacum.

Sardón incluye vides centenarias y un cultivo biodinámico. A pesar de ser de corta crianza es muy elegante, con un tanino contenido, sedoso. La inclusión del albillo (variedad de la zona que por fin se está tratando con cariño) le da frescura. Utilizan también hormigón, lo que ensalza su propia mineralidad.

Pittacum, olvidénse de esas mencías de teñir manteles con violáceos intensos. Es un vino voluminoso, sedoso, mencía que adopta la barrica como otras muchas varietales y la integra de forma fantástica. Lo justo para un poco de vainilla en nariz. Envolvente y fresco.

En resumen, una alegría ver que no estamos perdidos y que la juventud tiene interés (y mucho, al menos este colectivo) por apasionarse con las sensaciones de un buen vino (que son dos al menos: el vino y la compañía).

Datos de interés:

Asociación cultural La Carrasca
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas

Avda. Puerta de Hierro, nº 2-4
Madrid 28040

Teléfono
910671180
Móvil
661086534 (Álvaro Ortega)

Correo electrónico: lacarrasca.agricolas@upm.es

Redes sociales:

Instagram: @lacarrasca.upm
Twitter: @lacarrasca
Facebook:www.facebook.com/lacarrascaagricolas

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