De vinos con Ramón: 1000 no se equivocan

Llevaba tiempo decidido a ir un día a ver uno de los sitios mas icónicos de La Mancha. Quería ver uno de los conjuntos mayor y mejor conservados de molinos de viento. Quería ir a Consuegra, sin ella claro…

Y se cruzó en nuestro camino uno de los eventos sobre catas populares con mayor arraigo en España: 1000 no se equivocan. Hay otros eventos similares, que han copiado la fórmula, como el Envero Fest en Aranda de Duero, pero en cuanto a número de ediciones y antiguedad éste fue el primero y del que luego se copió su formato.

Allá que íbamos 4 miembros del jurado, a mí me tocó ser presidente de la mesa de Reservas y Grandes Reservas. Estaba un pelín nervioso, porque no iba a poder disfrutar como en otras ocasiones ya que los presidentes de mesa tienen que velar porque todo vaya bien en cuanto a comportamiento, modo de valoración de los vinos y hasta que la propia cata sea amena. Alipio Lara nos había tenido una hora de filípica continuada para tal menester.

Pero, no contaba yo con que este MacGuffin inverso (ir del vino al objeto real de la visita) se estaba convirtiendo en casi una trampa mortal para mis acompañantes y para mí mismo.

Tras separar a los miembros del Comité para impartirnos las normas, nos fuimos colocando en nuestra mesa a la espera del resto de miembros. La hora para arrancar la cata (y en este tipo de eventos multitudinarios, es esencial) era las 12.00. 15 minutos pasadas las 12.00 tenía dos sillas vacias en mi comité. Toda la mesa esperando porque nos decían que ya venían.

“Hola, hola, buenas, somos x e y”. Prefiero no identificar a nadie por lo que luego se deducirá. “Es que somos muy conocidos aquí en Alcazar y nos ha costado llegar”. Entre corchetes [] y a partir de ahora “mi neurona”.

“Buenas tardes, mi nombre es Ramón y estoy aquí para ayudaros en todo”. “Creo que conocéis las bases de la cata, pero a continuación os leo la hoja de cata, sus apartados, el por qué de cada uno y lo que se pretende”.

“ Es que no nos habíamos apuntado o no me acuerdo, pero aquí todos somos amigos”……

“Vaya, pensé que después de mas de 2500 inscripciones y sólo 1000 afortunados…”.

“Es que aquí somos muy conocidos….”.

Arranca la cata, y todo mi afán es recoger las fichas bien rellenas, solucionar dudas sobre lo que estamos catando, intercambiar opiniones sobre los vinos, en general tratar de que todos lo pasemos lo mejor posible dentro de que unos prueban, rellenan o no la ficha, se preocupan o no del ritmo, etc.

“Y, ¿de dónde sois?”

“Pues mi cuñado es de Alcazar y sus padres han vivido siempre aquí. Mi padre era de Piedrabuena, tengo familia en Puerto Lápice, Miguelturra, ….”

“Ya, pero no sois de Alcazar”.

“No, ya lo siento”.

“Los padres de mi cuñado viven al lado de Hacienda y él toca la bandurria en la Rondalla”.

“Pues no caigo y mira que es difícil, porque todo el mundo nos conoce y conocemos a todo el mundo”.

“Mira, mi hija y su marido”. Me pasa (la señora “y”,) el teléfono como si fueramos amigos desde la incubadora. El marido, como un suricata al borde del hoyo. No gesticula. Se llama x y es jubilado de Renfe (ahora Adif) (mucha tradición ferroviaria en Alcázar).

“Muy majos” [Torreznos en fotomatón pensé, desde el cariño, lo juro].

“Pues el padre de mi cuñado era también de Renfe”.

“Ni idea, raro es que no le conozcamos, pero seguro que nos conocen”.

“1.500 euros la botella del champán que véis, es que mis hijas están muy bien colocadas, una en Caja Madrid y la otra en el Ministerio”

[A ver, que Caja Madrid se llama ahora Bankia y el Ministerio….es muy grande, ¿en cual?]

“¿En qué Ministerio?”.

“Ya 5 años, en el mejor, cada vez que vamos a Madrid vamos a las catedrales”.

No estaba sólo. A mi izquierda estaba Javi y a su izquierda su marido (x). En frente “la Yoli” y a su derecha, la mujer de Javi. Para entonces ya observaba su cara.

Javi: “¿La Almudena?.

“No, El Corte Inglés, Zara, ….nos gastamos cada vez una fortuna”. “Y qué bien, la cata en el Ministerio de Bellas Artes”.

“Ah, no sé, yo estuve en una en el Círculo de Bellas Artes, pero esa no sé”.

“Si, en ese sitio, y qué buenos los vinos, los mejores, fantásticos. Y la terraza una belleza”.

“¿La de la última planta?”.

“No, la que está en la calle, estuvimos en el mejor sitio, con mis hijas que están muy ocupadas y luego vinieron”.

“Mira que fotos tengo con mis hijas, que no sé si te he comentado que están fenomenal”.

[Yo me afanaba en recoger fichas, ordenarlas, etc. Ya llevaba yo mi primer “Jesusito de mi vida”].

“Bueno, pues llega la comida, hay que ir a cada fila porque nos han dicho que sólo darán un plato por persona, hay tres tipos: paella, magro con tomate y carrilleras al vino”.

“Por favor, si alguien llega antes, le pido que se preocupe de pedir vino para todos”.

No hace falta que os diga que estuvimos 25 minutos o mas haciendo fila divididos pero……estas personas llevaban 24 minutos sentados ya con comida.

A la vuelta. “Es que somos muy conocidos aquí y cada vez que vemos a alguien en la fila pues ….”. [Me voy a ….c e l m q l p, pensé]. X no abría la boca, Y, a la que ya había bautizado como “Lorezna” pues….a lo suyo.

Para maridar la comida, empezaron a traer vinos de la cata sin seguir orden de mesa. Nos juntamos con blancos, rosados, tintos, pero…..todos al lado de X e Y. No por los que los servían si no por su afán de ponerlos a su lado.

“Es que mis hijas vienen por el día del Padre”.

“Pero si fue el martes”

“Ya, pero es que mis hijas están muy bien colocadas, muy ocupadas, somos muy conocidos y mañana lo celebraremos”

Saca del bolso varios corchos. [Cuyons o como se diga, ¿y eso?]

“Es que mañana celebramos el día del padre y…..me voy a llevar estos vinos”.

No hace falta que diga que no había otros vinos en la mesa. Y ahí entraron en juego Rosa Mari y “la Yoli”. Se levantan, sin hablar, se van a su lado, cojen los vinos y dicen “pues nos vamos a poner que para eso son de todos”.

[Frío en Alcazar]

Se levanta Lorezna y recoloca todo. Todo. Todo de nuevo a su lado.

Se levanta “la Yoli”, con media copa o mas de blanco: “Quiero mas blanco”. Se lo trae.

Se levanta Lorezna, se lo vuelve a llevar.

Bueno, lo pasamos genial. Ja, ja. Independientemente de Lorezna y X (creo que sigue sin decir nada). No es lo mismo dejarse llevar que llevar la mesa, pero sinceramente, lo pasé muy bien, pero…..la paciencia es la madre de la ciencia. [Tengo que rezar un par mas de “Jesusitos de mi vida” por pecar de “optimismo”].

Y por fín a Consuegra. Fantástico conjunto de molinos y castillo. Si no habéis estado, tenéis que ir. De veras, poco promocionado para lo que es. Me encantó. Hacía aire, mucho aire. Me vino muy bien ese aire. Aire, me faltaba el aire.

Ramón, ¿y el vino?. Destacó sin género de duda en toda la mesa un vino con un aroma a café-cacao extremo (señal de barrica muy tostada), muy untuoso, con mucha capa y muy glicérico. Cabernet Sauvignon y Cencibel. Luego supe que llevaba dos o tres años recibiendo premios según añadas. Me pareció un vino tremendamente destacable, por encima de Lorezna. Un vino que probablemente no conozcáis pero que os recomiendo.

Aquí os dejo la ficha:

Nombre: Cerro Mayoral Reserva.

Varietales: Cabernet Sauvignon y Cencibel .

Añada: 2015.

Cerro Mayoral Bodegas.

Villafranca de los Caballeros (Toledo)

 

2 respuestas a «De vinos con Ramón: 1000 no se equivocan»

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