Cosas de las abuelas: Torrijas de Semana Santa

Hoy Domingo de Ramos se ha dado el pistoletazo de salida a la Semana Santa, y con ella llegan a nuestros hogares deliciosos manjares familiares, entre los que destacan sin lugar a dudas las gloriosas torrijas…

Con miel, de vino, con azúcar y canela, desectructuradas, caramelizadas, vamos, miles de recetas podemos encontrar de tan excelso producto, pero como no podía ser menos, como las de mi madre ningunas.

Desde pequeño he desarrollado un olfato torrijero especial. Mi madre hacía las torrijas y las escondía, para que no diéramos buena cuenta de ellas en menos que canta un gallo. Pero no había escondite que mi fino olfato no diera con él.

En vista de su infructuosa actitud, llegó a llevarlas a casa de la vecina. De nada le sirvió porque me colé por la terraza para conseguir mi preciado trofeo anual.

Como homenaje y penitencia, pongo a disposición de la humanidad su receta, para que todos los mortales que así decidáis podáis sucumbir ante su exquisito sabor y textura…

Ingredientes:

Pan de barra del día anterior. Una barra grande

Azúcar

Canela en rama y en polvo

1,5 litros de leche entera fresca

Cáscara de naranja y limón (unos trozos, sin parte blanca)

Aceite de girasol

3 huevos

Modo de hacerlas:

Calentamos durante unos 10 minutos la leche con las pieles de naranja y limón, un a rama de canela y tres cucharadas colmadas de azúcar. No debe de llegar a hervir pero sí a humear. Una vez pasado este tiempo, que se haya infusionado la canela y las pieles en la leche, la dejamos enfriar un poco para que se quede algo más que tibia. Si está muy caliente reblandecerá demasiado el pan.

Se corta la barra un poco en oblicuo para que las torrijas sean algo más grandes. Deben de ser en torno a 2 dedos de anchas.

Ponemos abundante aceite a calentar en una sartén grande.

En un plato ponemos una mezcla abundante de azúcar y canela en polvo, no escatimar canela, al gusto.

Preparamos también un plato llano grande, y otro de postre que colocamos boca abajo encima de él. Nos servirá para escurrir las torrijas del exceso de leche.

Preparamos otro plato con tres huevos batidos.

Se coloca el pan en una fuente bien amplia, y con una jarra lo vamos empapando con la leche, de la que hemos quitado la canela y las pieles.

Una vez estén bien empapadas, las vamos sacando una a una poniéndolas encima del plato de postre para que escurran un poco, después las pasamos por el plato del huevo y a la sartén, un minuto por cada lado. Al sacarlas las vamos dejando en un escurreverduras con un plato debajo, para que suelten el exceso de aceite, y al momento las pasamos por la mezcla de azúcar y canela, y las vamos colocando en la fuente torrijera definitiva. Para manipularlas recomendamos tener dos paletas grandes, porque se quedan muy blandas con la leche y son difíciles de gestionar.

Mi padre se las comía recién hechas, por si las moscas, pero para mí están mejor del tiempo.

Disfrutarlas mientras duren!!!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *