8 de marzo, reflexiones de un monotarea

No sé si tenemos remedio. Pero nuestros hijos si, espero.

Nuestro monoprocesador no puede ser excusa para dejarlo en stand-by, mientras el multiprocesador de 8 núcleos de última generación que vive a nuestro lado procesa día tras día todos esos pequeñas asuntos de poca importancia que están más allá del trabajo, el fútbol, el padel, la meditación trascendental en nuestro sillón, porque es nuestro sillón, y demás objetivos divinos que exigen toda nuestra concentración y esmero.

Tenemos que ser capaces de encontrar placer en las pequeñas e intrascendentes cosas de la vida, como es poner un lavavajillas maximizando la gestión del espacio, la cocina como meta de superación personal, o esa difícil y titánica labor de seleccionar la ropa de la lavadora y no mezclar al payaso de Micolor con los pañitos de la abuela.

No debemos asumir que nuestros hijos piensen que solo su madre concentra todos los conocimientos de la enciclopedia Espasa, mientras nuestra oferta se circunscribe a gritar como deben pasar el balón. Está bien enseñarles a montar en bicicleta, pero también podemos enseñarles con nuestro ejemplo a que es posible metafísicamente, hay pruebas documentales de ello, recoger la cocina mientras su madre lee su libro favorito.

Cuesta entenderlo, pero hacedme caso, es posible, y así probablemente nuestras nietas vean estos tiempos como nosotros vemos los tiempos en que las mujeres no podían votar, obtener su propia cuenta en el banco, tan lejanos como inadmisibles.
Pongámonos a la faena, para que incluso nosotros tengamos remedio, no sólo nuestros hijos, que por suerte creo que ya están en ello, pese a nuestro ejemplo.

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